Cada vez que una familia de Mercedes pierde a un joven, la comunidad entera debería preguntarse qué está haciendo para prevenir nuevas tragedias
La salud mental no puede ser un tema secundario. La depresión, la soledad, las adicciones, la falta de oportunidades laborales y las dificultades económicas afectan a muchas personas que, en ocasiones, sienten que no encuentran una salida a sus problemas.
Los gobiernos, las instituciones, las escuelas, los clubes, las iglesias y la sociedad en general tienen la responsabilidad de trabajar en la prevención, la contención y el acompañamiento de quienes atraviesan momentos difíciles.
Los vecinos tienen derecho a exigir que una parte importante de los recursos públicos se destine a programas de salud mental, asistencia psicológica, capacitación laboral y espacios de escucha para jóvenes y adultos.
Más allá de las diferencias políticas, cada tragedia debe servir para reflexionar sobre qué podemos hacer como comunidad para que menos personas lleguen a situaciones extremas y para que quienes necesiten ayuda sepan que no están solos.-





