Mientras el gobernador Valdés sigue estirando la cuerda con promesas que no se cumplen —como el aumento que amagó para mayo— en los pasillos del Estado ya nadie le cree. La bronca es generalizada: salarios congelados, inflación sin tregua y una administración pública que ya no está dispuesta a callar ni a bancar. El «modelo Valdés» está agotado. Pensó que podía perpetuarse con su hermano, pero la gente no come vidrio. Lo que se ve es una gestión que priorizó las obras con sobreprecio para la caja política antes que el bolsillo del trabajador
Los del ELI se fueron, los liberales lo dejaron solo y la decepción es total. La política del diezmo, del reparto discrecional y de los “favores” ya no funciona. La gente está cansada de los discursos de cartón y la intelectualidad de café financiada con la plata del pueblo. Para colmo, Hacienda ya trabaja en presupuestos paralelos: menos plata para sueldos, más para la campaña, los viajes, los shows y la puesta en escena. El ajuste lo paga el que se rompe el lomo.
Pero entre el hartazgo también nace una alternativa. El nombre que cada vez suena más es el de Teke Romero, referente del partido Ahora, que aunque todavía no todos lo conocen bien, ya despierta esperanza en muchos. Porque hoy, más que promesas, se necesita una mirada nueva, una gestión austera y moderna que deje de tratar al pueblo como rehén. ¿Será Teke la sorpresa que saque a Corrientes del pantano?–





