El equipo de Jorge Almirón empezó perdiendo ante Gimnasia, reaccionó con carácter y se impuso 2-1. Hubo respuestas en el recambio, redenciones individuales y señales claras pensando en el duelo ante Newell’s
Partido chivo el que sacó adelante Rosario Central en La Plata. El conjunto de Jorge Almirón se encontró en desventaja desde los primeros minutos ante Gimnasia y Esgrima La Plata, pero nunca perdió el orden ni la convicción. Supo sufrir, ajustó piezas y terminó imponiendo jerarquía en un escenario siempre incómodo.
La reacción llegó desde el banco y en detalles puntuales. El desequilibrio de Jaminton Campaz, los retoques fugaces de Julian Fernández —una de las nuevas incorporaciones— y la presencia del paraguayo Carlos Giménez fueron determinantes para cambiar la inercia del encuentro. Central encontró soluciones en el recambio y eso es una señal fuerte en este tramo del torneo.
El segundo golpe tuvo sello extranjero: asistencia precisa del colombiano para la cabeza de Javier Ávila, que se redimió de su error defensivo en el primer tiempo y marcó el 2-1 definitivo. En el mediocampo, la aparición de Pol Fernández le dio equilibrio y criterio en los minutos decisivos.
Hubo además gestión inteligente pensando en lo que viene. Cuidaron a Damián Ibarra por acumulación de tarjetas y también administraron a Ángel Di María, que sumó minutos sin exigirse al máximo. La mira ya apunta al clásico ante Newell’s Old Boys en el Estadio Marcelo Bielsa.
Y cuando el partido pedía firmeza, apareció Jeremías Ledesma con intervenciones claves sobre el cierre. Atajadas que no solo aseguraron los tres puntos, sino que fortalecen el ánimo de un Central que llega al clásico con carácter, respuestas colectivas y la sensación de que supo superar una prueba exigente.





