El uruguayo, que tuvo un paso por el fútbol argentino, estuvo casi un año tras las rejas: «Me sentí indefenso»
Son las decisiones las que definen el rumbo de cada ser humano.
Y, a sus 31 años, Diego Gurri puede dar fe: conoció la gloria y también aprendió a vivir en un infierno, pero lo más importante es que supo salir.
El uruguayo, que llegó a Tigre en febrero de 2017, dejó la cárcel el domingo luego de 10 meses tras las rejas por «malos pasos».
«En un segundo perdí lo que me hacía feliz y era mi vida: el fútbol. No valoraba cuando jugaba al fútbol, que tenía todo lo que quería. Me encontré detrás de las rejas por malos pasos que fui dando sin darme cuenta, o no queriéndolos ver, porque mi familia me lo decía», soltó en diálogo con Minuto uno de radio Carve Deportiva.
El delantero, que supo ser una de las figuras de Boston River, ingresó a la Unidad 1 de Punta de Rieles el primer día de julio de 2023. «La vida te lleva a tropezar con la piedra y darte de frente contra la pared, pero cuando te querés dar cuenta ya es tarde y estás privado de libertad, sin poder hacer nada; ya tu vida cambió totalmente y no dependés de vos mismo», explicó.
Unos 302 días privado de su libertad invitaron a Gurri a reflexionar. Y, durante una extensa charla con el medio uruguayo, explicó cómo su destino lo obligó a estar en la cárcel.
«Se me vinieron -recordó- cosas complicadas en la vida, como la separación de la madre de mi hijo y no poder verlo, o la pérdida de un amigo que se suicidó; ahora digo que son excusas, pero en su momento no lo eran. Caí en una depresión. Era un cúmulo de cosas negativas que me nublaron y me llamaron a entrar en las drogas, no busqué la ayuda que tenía que buscar».
La explicación sobre el desenlace del también ex Deportivo La Guaira y Progreso siguió: «Estaba rodeado de gente mala que hasta iba conmigo a las canchas. Me esperaban en el auto para ir a seguir con esa vida horrible».
Ese entorno lo obligó a cumplir una pena que, en parte, lo ayudó a encauzar su futuro.
Entendió que en prisión «cada día y cada semana no pasa, es eterno, se te termina todo» y se sintió «indefenso, sin poder hacer nada». Su idea era una sola: «Quería cumplir la pena y poder salir».-
Olé.-






